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Una pequeña tragedia griega

Thu Jan 19, 2006, 4:35 PM
El viejo filósofo Sofrito paseaba por el polvoriento camino a las afueras de la Ciudad Estado mientras, distraído, miraba al suelo, viendo como esos tacos de madera carcomida convertidos en carne que eran sus pies desaparecían y aparecían a cada paso bajo su larga barba. Ese paseo era una de las costumbres con las que más disfrutaba el anciano, no por respirar aire puro, no por estar en contacto con la naturaleza; a Sofrito le daba alergia el polen, y el contacto más intenso que tenía con la naturaleza se daba cuando pisaba una plasta de caballo…y no le gustaba.
No, para aquel encorvado retazo de sabiduría, el placer de aquella caminata residía en toparse con algún otro paseante, preferiblemente campesinos. ¡Era entonces cuando podía dejar claro al mundo que esa barba, esa calva y esa joroba que conformaban sus rasgos más característicos no eran los rasgos de un abuelote a punto de cascarla, sino los de un filósofo de primera línea!
Así, por ejemplo, si veía a un afable campesino cargado con un buen montón de leña acercándose en su dirección, Sofrito se sentaba a la vera del camino como si llevara horas ahí, con expresión, creía el, de Venerable Anciano Meditabundo. La incauta vic…el afable campesino al verle no podía evitar, por norma general, preguntarle qué hacía, a lo que el filósofo contestaba solemne: “Estoy filosofando, que es lo que hacemos los filósofos, joven”. A partir de esta frase impulsora, el mecanismo de la conversación que era la razón de ser de Sofrito funcionaba solo: el campesino, divertido ante la revelación, hacía uso de toda su inteligencia, incluso de la que guardaba para casos de emergencia, y planteaba la pregunta más complicada y enrevesada que podía parir su mente, pregunta a la que Sofrito daba pronta respuesta sin esfuerzo. Agradecimiento, despedida, y a por el siguiente labriego; era su técnica, su estilo, era Arte.
Y justo en ese momento, por el horizonte apareció el lienzo en el que ese día Sofrito iba a practicar su Arte: era un joven, pero no era un campesino, estaba claro. Nadie que trabajara en el campo podía ser tan flacucho que parecía que se le podía partir por la mitad con unas tijeras de costura. Además, su túnica, sus sandalias…hasta el petate que llevaba al hombro tenían cosidos vistosos logos en forma de cocodrilo, de águila, de alguna clase de perro… que daban a entender que eran ropas caras, manufacturadas en Egipto.
-Un estudiante- se dijo Sofrito a sí mismo decepcionado. No le gustaban los estudiantes, se decía que algunos a base de estudiar aprendían cosas, y eso suponía un “handicap” muy molesto, por que algunos aprendían a preguntar. Al filósofo le parecía muy impertinente- en fin, tendrá que valer.
Se sentó en el camino, puso su cara de V. A. M y aguardó. El chico pasó por delante de él con mirada vaga, se detuvo y lentamente se giró, como si ello le supusiera un esfuerzo sobrehumano. Entonces abrió la boca para articular palabra. “Aquí viene” pensó Sofrito. Estaba preparado.
-Para eso van muy bien las ciruelas, abuelo.
-Pues resulta que estoy fil… ¡¿Qué?!
El muchacho suspiró. Entonces, agarró la arrugada oreja de Sofrito y le grito:
-¡¡QUE PARA EL ESTREÑI…!!
-¡Callalaboca, que te he oído! ¿Se puede saber de dónde sacas que yo necesite…que yo este…?
-Como estaba ahí con esa cara de V. A. M …
-¿Qué tiene que ver mi cara de Venerable Anciano Medi…?
-“Viejo Atascado Malhumorado”- corrigió el zagal.
-¡Estaba filosofando!- si la cara de Sofrito hubiese podido tomar una tonalidad más brillante de rojo, el semáforo sería invento de otro siglo.
- Bueno, pues para “filosofar” mejor, ciruelas, ¿eh? Y detrás de esos arbustos, a poder ser.- dijo en tono condescendiente. Después, dio dos amistosas palmaditas en el huesudo hombro del V. A. M. (entiéndase como se desee) dando por zanjada la lección, y se alejó por el camino con el mismo andar desgarbado con el que había llegado a destruir la máquina dialéctica de Sofrito.
El Filósofo tenía tantas frases queriendo salir de su boca, que formaban un enorme tapón que no le permitía articular palabra alguna. Intentó enfriar los ánimos, intentó calmarse; era un eminente filósofo, un avatar de la sabiduría griega, debía ser ejemplo de rectitud y clarividencia, debía mostrarse por encima de aquella situación.
-¡Que te jodan, niñato malparido!
A veces la situación estaba demasiado alto como para ponerme por encima de ella.
Pero el niñato no le escuchó. Desde tiempos inmemoriales, los jóvenes de todo el mundo poseen un increíble oído selectivo que como portero de discoteca, deja pasar a toda frase que le parezca agradable o lleve los zapatos apropiados.

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O_O es la caña!!! Si es que no se puede ir de sobrado por la vida, ni llamandose Sofrito y siendo un V.A.M

Me gusta ^^

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Yo nunca retrocedo, doy media vuelta y sigo avanzando.

:blowkiss:
Acabo de darme cuenta de la de tiempo que llevo sin leer nada de Terry Pratchett. Buen trabajo =P

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Ia! Ia! Pikachu fhtagn!

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